Notas de una tertulia sobre cómo leer manga en otro idioma

El sábado pasado el grupo se quedó en la sala después del cierre de la feria de fanzines. Sobre la mesa había un tomo con las esquinas dobladas, un cuaderno de glosas y el teléfono de alguien que había empezado un capítulo en el metro y no quería dejarlo a medias. Hablamos de honoríficos, de onomatopeyas que no caben en una sola palabra y de bocadillos que se leen de derecha a izquierda cuando el ojo ya está acostumbrado al sentido contrario.

Quien llegaba por primera vez preguntó por un traductor manga ia capaz de proponer una lectura rápida del panel sin borrar el dibujo. La respuesta del grupo fue práctica: sirve para orientarse, y después conviene volver al original y anotar lo que no encaja. Para situar el servicio antes de elegir una serie, varias personas abren primero el traductor manga y recorren desde ahí las secciones que les interesan.

La charla cambió de formato cuando alguien mostró un episodio en vertical. El desplazamiento largo, los silencios entre viñetas y los diálogos apilados no se leen igual que una página de tankōbon. Para ese ritmo, el grupo recomendó un traductor de manhwas y comparó en voz alta dos escenas: una impresa y otra pensada para el móvil.

Al final de la mesa apareció un cuadernillo de círculo, grapado a mano y con una dedicatoria en la contraportada. Ese material casi nunca tiene edición comercial. Un traductor de doujinshi permitió seguir el relato y dejar marcados los chistes que dependen del contexto de la convención, para comentarlos en la siguiente reunión en lugar de darlos por entendidos a la primera.

Cerramos con la traducción de manga que circula entre lectores antes de que exista una edición en librerías. Quedó el acuerdo de tratar esos textos como borradores de lectura: citar de dónde salen, no presentarlos como versión definitiva y volver a la página en español cuando haga falta contrastar un término.

Credit: Equipo MangaTranslate / ficory LLC